« Ser invisibleUn problema “a la española”
enero 3, 2012 por malagaperruna
Hace no mucho tiempo, unas cuántas semanas, que se estrenó un programa
conducido por César Millán, pero a la española, una especie de pseudo
reality que pretende concienciar sobre el abandono y fomentar la
adopción.
Es mucho el revuelo que se formó durante el estreno de éste y los
sucesivos capítulos que se han ido emitiendo en el canal que lo
produce.
Suena un poco ofensivo, en ciertas ocasiones, la socorrida frase,
dicha muchas veces en un tono despreciativo, que dice “Spain is
different” (España es diferente), pero no puedo dejar de pensar en
ella para describir los últimos acontecimientos que hemos podido ver a
través de nuestros televisores en éste programa.
En el programa, un perro es “rehabilitado” por Millán, para
posteriormente, ser el blanco de la disputa entre tres parejas por
llevarse “el premio”; adoptar al can y darle una casa y una vida que
le ha sido negada.
Un gran hermano del tres al cuarto, que juega sin pudor con una vida
inocente que no entiende de cámaras ni de César Millán.
Aparte de la disputa, en una segunda sección del programa, un famoso
acompaña a Millán para dar a conocer una problemática, una asociación
protectora o para acoger o adoptar a un perro.
El programa comenzó bastante bien, sobretodo en el segundo en el que
la baronesa Thyssen acompaña a Millán a Galgos 112, donde le enseñan
las instalaciones y le cuentan la grave problemática que subyace a la
práctica de la caza con galgo y el trágico maltrato y abandono al que
son sometidos éstos animales.
Ahí, César conoce a Choco, un galgo cojito y asustón que es,
finalmente, adoptado por el propio Millán y que vive con él en EE.UU.
Es quizá, uno de los pocos finales felices que el programa puede
ofrecer, y, sin duda, el más emotivo de todos, que dejó a media España
con lágrimas en los ojos y que consiguió bloquear la página de la
asociación Galgos112 durante semanas.
Pero el programa, insisto, está hecho a la española, con gente
española, posibles adoptantes españoles.
Y ésto, señores, por muy ofensivo que suene, es el peor de los
defectos que tiene éste programa; los españoles.
El programa que conduce César Millán se ha convertido en una pantomima
que sirve para que cuatro fans del célebre adiestrador, acudan a
conocerlo, como si de un programa de “Sorpresa, sorpresa” se tratase.
Una excusa para pasearse delante de César y darle dos besos, pero eso
sí, a costa de la vida, dignidad y sufrimiento de seres inocentes, los
perros.
El resumen;
4 perros adoptados y posteriormente devueltos en tan sólo
7 programas emitidos.
La primera, una perrita adoptada por Angy, una famosa, que vive con
dos perros algo desquiciados y que decide adoptar a Gigi y que fue
devuelta al poco tiempo, de la que mucho se ha hablado y de la que la
protectora de donde provenía la perrita, no ha querido hablar.
El siguiente, Sandor un mix de labrador y galgo que fue adoptado por
una valenciana que, literalmente, acudió al programa para conocer a
César y para pasear su trasero por el centro dónde se graba el
programa y que, poco tiempo después, devolvió al perro alegando la más
socorrida de las excusas, la alergia (que muchas personas han
superado, poniéndose en manos de médicos y veterinarios que han hecho
posible la convivencia del alérgico con el perro).
Una tercera, Ginger, y que nos pilla muy de cerca, iba a ser adoptada
por Beatriz de Orleans, pero cuando los focos se apagaron y las
cámaras dejaron de enfocarla, la infame Beatriz de Orleans dejó la
“solidaridad” de boquilla a un lado y devolvió a la perra. Alegó que,
cuando sus nietos se fueran de su casa, iría a recoger a Ginger a la
protectora Triple A, pero ese día nunca llegó.
Cuando terminó la grabación, terminó todo y Beatriz de Orleans, volvió
a abandonar a Ginger sin pudor ni vergüenza alguna.
Y él último del que tenemos conocimiento, Gadget, que iba a ser
adoptado por un adiestrador canino de Barcelona y que devolvió al
perro a las pocas semanas por “razones personales”. Al entender de
muchos espectadores, nunca quiso adoptar un perro, si no promocionarse
profesionalmente, a costa, nuevamente, de jugar con la vida de un ser
indefenso.
S
í, España es diferente. Es, quizá, el único lugar en el mundo en el
que jugar con la existencia de un ser vivo es lo más sencillo y lo
menos importante, dónde uno puede jugar a ser solidario de boquilla
con tal de conocer a un famoso o pasear su trasero por una cámara de
televisión.
Ni siquiera creo, personalmente, que César Millán tenga la culpa.
Quizá el problema sea la productora, más preocupada en beneficios
económicos y que realiza un cásting nefasto digno del más bochornoso y
bizarro reality, buscando personas cuyas aspiraciones sean
promocionarse, pasear su cuerpo ante una cámara o simplemente, conocer
al adiestrador y poder darle dos besos. O quizá el problema, sea más
de fondo, un problema, también a la española.
Un problema que empiece en el español, el ciudadano español, que
ignora, menosprecia, que subestima y minusvalora a cualquier otra
especie que no sea el ser humano o su propio ombligo, que se divierte
y se recrea con la vida de otras especies y les convierte en juguetes
rotos que son dejados de lado cuando se percatan de que no son de
plástico y tienen necesidades que no están dispuestos a cubrir.
El español que siente indiferencia ante la grave problemática del
abandono y adopta a un perro por capricho, para luego devolverlo a su
lugar de origen, abandonándolo de nuevo.
El español, que a costa de una vida real, de un ser vivo de carne y
hueso que siente y padece, se presenta a un programa para
promocionarse, pasear su trasero ante una cámara de televisión o que
deseen conocer a un famoso, adoptando a un perro para devolverlo
cuando los focos se han apagado.
El español que crea un programa y elige a éste tipo de execrables
españoles a conciencia, con tal de ganar dinero a costa de un ser vivo
inocente e indefenso.
El español que crea un programa proclamando que éste va a concienciar
sobre el abandono y fomentar la adopción, y posteriormente escoge
entre los posibles adoptantes a personas que, a kilómetros se puede
ver que no tienen la más mínima intención de adoptar a un perro.
El español que crea un programa para fomentar la adopción y condenar
el abandono y que permite que en 7 programas, 4 perros sean adoptados
y abandonados nuevamente al apagar los focos y que lo esconde.
Sí, definitivamente, es un problema a la española. Un problema que
perjudica muy seriamente a los perros, seres inocentes que no
entienden de cámaras, focos, ni de problemas “a la española”.
texto; Malaga Perruna